domingo, 27 de septiembre de 2015

Doce lineas



Con qué rapidez tu vida acaba
Compleja dualidad suspiros incitan
Expresiones y sonrisas que se han desvanecido

en fragmentos de recuerdos ya raídos
Y esa mirada sombría, oscura
Aún guarda vestigios de lo que fue belleza.
Aquella que reposa el rostro  en la acción de primavera

Facciones como lechos de pétalos, hojas. Paciencia.

En tu lecho. Aquel sostén de subsistencia. Eres Paz.
Pero tú, Paz, mi alegría es tu harmonía
Despierta del sueño y muéstrame que 

El amor y la amistad son algo más que doce líneas.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

El AMOR VERDADERO


Quizá el momento no era el adecuado, o de pronto, los miedos fueron más intensos que los sentimientos.

Lo cierto es que tú puedes hacer todo lo que quieras y llegar lo más lejos que puedas, pero tus recuerdos se grabaron en mi mente y ella los conserva. Por más lejos que te encuentres, siempre te guardara en una sola pieza.


A veces la soledad me abraza, me besa y me pregunto si, quizá, tomamos la decisión correcta. ¿Existen decisiones incorrectas?

De pronto nos alejamos porque nos teníamos miedo. Si, nos amamos pero también el miedo nos saludaba de vez en cuando.

Miedo a enfrentarnos con la remota posibilidad, que el amor verdadero no se alcanza con un repertorio de experiencias y relaciones a cuestas, si acaso, es algo que aparece y desaparece como una estrella. Fugaz como un cometa.

Tal vez el amor verdadero siempre lo encontramos en nuestros aposentos internos y a veces sale y entra con intermitencia, como un transeúnte. Entra y sale; pero no sabemos si lo queremos nómada arriesgado o mejor como un seductor sedentario.

Y siendo un pasajero de la vida, lo mejor es conservarlo en un álbum de fotografías. Es un cúmulo de imágenes, sonidos y sentimientos que capturan los mejores momentos de nuestras vidas.
El amor verdadero es como aquel bello momento donde fuimos tan felices. Nos amábamos tanto que tu amor y el mío, ambos, se entendían, incluían y nos obligaban a mover nuestros cuerpos, a levantar nuestros brazos, y a abrazarnos también hasta el cansancio.

Y mientras tanto, una fuerza misteriosa nos instigaba a plasmar una sonrisa en nuestros rostros, que al final termino desvaneciéndose, cuando un ataque de alegría y deseo empujó nuestros labios y estos se chocaron, pensando y soñando que nunca jamás se iban a separar. Eso, es el amor verdadero.

domingo, 20 de septiembre de 2015

La niña de 6 años

Arrodillada en el patio trasero de su casa, ella recordó que tenía que apresurarse.

La reunión de su muñeca Stacy con sus amigas Lulu, Morena y Paty debía de terminar muy pronto si no quería llegar tarde y sucia a la reunión de su sexto cumpleaños.
Y sí, Lorena recordó que hoy cumplía seis años y una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Pero no era por su cumpleaños, era porque por fin había podido terminar la importante reunión de sus muñecas y ahora sí podía continuar con los planes que habían hecho hacía un tiempo atrás.

Cuando se levantó del suelo, la niña se dio cuenta que sus piernas y sus muslos no le respondían de la manera como ella había querido. Sintió un extraño cosquilleo que significaba que sus piernas y pies se habían dormido. Además se dio cuenta que sus medias y su falda, ambas de un color magenta claro, se habían untado de tierra con manchas que parecían quedarse estampadas por siempre.

Inmediatamente, empezó a sacudir su falda moviendo todo su cuerpo al ritmo de una canción ausente, y al mismo tiempo usaba sus manos para palmearse y tratar de despertar sus piernas del sueño y adormecimiento tan absurdo en el que se encontraban.

Y mientras se sacudía la tierra y trataba de despertar sus piernas, ella no se dio cuenta que detrás de ella se había asomado una sombra que ocultaba los últimos rayos de sol de la tarde, y que de repente empezó a gritarle usando toda la potencia de su voz.

- ¡Lorena, apúrese que ya todos sus tíos llegaron! ¡Vístase, límpiese y vaya cámbiese que los demás no demoran en llegar! -, dijo la gran sombra oscura con una gran energía.

Lorena se giró y entendió entonces que aquella sombra y voz correspondían a la de su madre Inés.
Ella siempre pensó que su madre mostraba un carácter fuerte y reacio cuando se refería o hablaba con ella, y en esta ocasión nada de eso había cambiado.

Apenas levantó su mirada, se irguió en sus pies y con la espalda lo más recta posible e inclinando su cabeza hacia adelante le contestó:

- Ya voy mamá, enseguida voy y me alisto.

En ese momento, Inés la miró y simulando una pequeña sonrisa asintió con su cabeza y empezó a caminar rápidamente de vuelta al primer piso de la casa.
Este comportamiento era muy habitual en Inés, pues siempre había sido una mujer seria que no aparentaba nunca su verdadera edad y para la cual, las expresiones corporales y faciales siempre eran un reto en sus relaciones con los demás.

Lorena empezó a correr de vuelta a la casa y a su habitación. Y en ese momento no podía recordar cuando había sido la última vez que su mamá Inés la había abrazado o besado, o incluso siquiera tocado.

Una vez llegó a su habitación, se dio cuenta que como siempre, su madre ya le había dejado todo listo. Su vestido enterizo color caramelo, sus zapatos de charol color chocolate y un par de medias blancas que eran sus favoritas. Desde que tenía memoria, su mamá nunca la había vestido o le había ayudado a vestir, siempre el encargado de esa tarea había sido su papá.
Ella corrió hacia la habitación de sus padres y les pidió permiso para poder vestirse sola, y este permiso le fue concedido.

El sol ya se había ocultado y la luna y las estrellas decoraban el cielo con una luz y energía algo misteriosa. El primer piso de la casa ya se encontraba decorado con bombas de todos los colores.
En la sala, Inés y sus hermanos habían puesto las sillas en círculo contra las paredes de la sala, y en el centro habían ubicado la gran mesa comedor que estaba adornada con un increíble mantel color blanco hueso.

Encima de la mesa estaban ubicados en su respectivo sitio unas botellas de vino y champagne, copas, vasos, los regalos de Lorena y en el centro de la mesa el invitado más importante: la gran torta de cumpleaños con una llamativo número seis que correspondía a la vela de cumpleaños que la niña debía soplar en un corto rato.

Los invitados empezaron a llegar y fueron ubicados en sus respectivas sillas, mientras entablan amenas conversaciones entre ellos.

Inés por su parte, vestía un traje enterizo color azul océano que le tapaba completamente todo su cuerpo. Se movía de un lado a otro organizando la fiesta, hablando con los invitados y asegurándose que todos se sintiesen lo mejor posible.

De repente, una niña se asomó corriendo como loca en el centro de la reunión y pegó un grito que asustó a todos los invitados. Una vez la impresión y el susto general de la audiencia se calmó, la niña se dio vuelta y volvió a salir corriendo con los cachetes colorados y con una expresión en su cara que daba la impresión que se iba a orinar del susto.

Inés no podía dejar pasar esto por alto y pidió que alguien la fuera a buscar y la trajera de vuelta a la fiesta. Su fiesta. Ella prosiguió y le encargo esta tarea a una prima de Lorena que era un par de años mayor que ella.

Por fin la niña regresó al centro de la sala agarrada de la mano de su prima mayor, Lorena miró a toda su familia ahí reunida y los saludó. Todos los invitados le sonrieron a la niña que cumplía años e inmediatamente levantaron todas sus copas y gritaron:

- ¡Por Lorena, que cumpla muchos años más, salud!

Luego, todos los invitados se levantaron de sus asientos y empezaron a chocar copas con una gran emoción y alegría. 

Toda una fiesta había empezado y Lorena empezó a pasearse por toda la sala mientras se iba aguantando todo tipo de saludos y felicitaciones, y digo aguantando porque ella lo que realmente quería hacer era correr, jugar, dar botes y vueltas y quizá probar uno o dos bocados de la comida tan llamativa y deliciosa que podía oler y sentir desde la cocina; pero desafortunadamente su madre la había obligado a recibir y atender a cada uno de sus invitados, de lo contrario, sería visto como un gesto de mal gusto e Inés no quería que los demás pensaran que su hija era una niña grosera e inculta.


Acercándose el evento principal de la reunión, un tío al que todos llaman José empezó a gritar que la cumpleañera debía tomarse una foto de cumpleaños y una vez dicho esto, Lorena tomó esto como la oportunidad precisa para salir corriendo  y más rápido que un trueno se paró justo detrás del gran comedor al lado izquierdo de su torta de cumpleaños.

Ella sonrió esperando que alguien sacara alguna cámara fotográfica y tomara la foto. Más o menos cuatro personas empezaron a enfocar con sus cámaras y mientras los nervios la invadían por ver tantas personas emocionadas y felices, otra vez, no se percató que un gran adulto se empezaba a ubicar justo a su izquierda.

Inés se aproximó lo más cercana que pudo junto a su hija y justo en el momento en que todos los fotógrafos gritaron: “¡whiskey!”, ella alzó su brazo derecho y suavemente apoyo su mano sobre el hombre derecho de su pequeña hija.

En ese momento, la pequeña niña de seis años sintió que una gran energía empezaba nacer de su centro, de su pequeño abdomen. Era un fuego interno y eterno porque por primera vez en su vida, su mamá la acogía entre sus brazos y de ese antebrazo, mano y regordetes dedos emano una energía cálida pero certera, y entonces, una gran felicidad brotó de su corazón y se reflejó en su inocente rostro.

Puertas Adentro (fragmento)

-¿Más que los carteles? – preguntó Jack al dueño de la casa.

- Sí, Jack. Saskia me confirmó que los métodos usados por Mathew han sido mucho más efectivos y baratos que los carteles que siempre hemos usado– contestó Alfred, el dueño de la vieja casa con una mirada llena de sombras y mirando al piso constantemente.

-¡Pero Alfred! -  exclamó Jack con ahínco–. Yo sé que Mathew se ha ganado el premio al mejor vendedor de casas de todo el condado Highstart, pero él jamás ha revelado su técnica ni sus métodos y creo que nunca nadie los sabrá. No confió en él. La única persona que sabía de sus métodos era su esposa, y bueno, ya sabemos cómo terminó eso.

-¿Te refieres a que su esposa lo dejo y se mudó a la otra ciudad, cierto? – preguntó Alfred, levantando por fin su cabeza, buscando una respuesta afirmativa con su mirada.

– ¡Por Dios Alfred!, no me vas a decir ahora que tú también caíste en esa farsa. Nadie sabe a dónde se fue Susan y no hay ningún registro de su salida de la ciudad, e incluso de la región. Estoy seguro que Mathew la asesinó –. Y entonces la cara de Jack se tornó en un naciente color rojo que empezaba a brotar de la punta de su nariz y le envolvió completamente la cara.

Una Bebida Caliente

Marina se encontraba sentada al lado de una mesa. Tomó con sus manos la taza de café mientras esperaba.

Thiago llegó al bar y apenas pudo percibir la grandiosa sonrisa de esa mujer que lo estaba esperando. Mientras se acercaba a ella, no podía dejar de pensar en lo humano, natural y espontáneo que se sentía cada vez que se encontraban para hablar. Él se preguntaba qué tipo de relación tenían y si de verdad tenían algún tipo de conexión.

Una vez tuvo a Marina de frente, ella se levantó de la silla y saludó a Thiago con un fuerte abrazo y en ese momento, sus miradas se cruzaron. Ese pequeño instante les sirvió para emprender un nuevo viaje juntos. De sus propios ojos salieron dos caminos que se entrelazaban y les permitían emprender una nueva aventura. Mientras más profundo llegaban en esos caminos, más evidentes se hacían la oscuridad y los contrastes propios de cada uno.

En realidad era como una carretera turbulenta y llena de obstáculos e irregularidades, la cual se alcanzaba a confundir con una lucha entre el permiso y la prohibición, era intrigante pero a la vez emocionante.

Fue cuestión de segundos para que empezaran a hablar, una sinfonía de mensajes y colores nacían y fluían entre ellos. Eran el color blanco y negro tratando de llegar a un acuerdo, combinándose para buscar y encontrar algo mejor.

Thiago y Marina  sentían que cada mensaje sembraba una semilla en el corazón del otro. Como si cada lección y aprendizaje fuera compartido y que en ese preciso instante, la cotidianidad de sus vidas y sus propios conflictos se perdían con una risa, porque en ese momento estaban creciendo y se tenían el uno al otro.

NUESTRAS SOMBRAS

Al fin y al cabo Luciana no tenía ni idea si sus pinturas iban a lograr el impacto que ella buscaba. De hecho, no tenía claro si le i...