Quizá el momento no era el adecuado, o de pronto, los miedos
fueron más intensos que los sentimientos.
Lo cierto es que tú puedes hacer todo lo que quieras y
llegar lo más lejos que puedas, pero tus recuerdos se grabaron en mi mente y
ella los conserva. Por más lejos que te encuentres, siempre te guardara en una
sola pieza.
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De pronto nos alejamos porque nos teníamos miedo. Si, nos
amamos pero también el miedo nos saludaba de vez en cuando.
Miedo a enfrentarnos con la remota posibilidad, que el amor
verdadero no se alcanza con un repertorio de experiencias y relaciones a
cuestas, si acaso, es algo que aparece y desaparece como una estrella. Fugaz
como un cometa.
Tal vez el amor verdadero siempre lo encontramos en nuestros
aposentos internos y a veces sale y entra con intermitencia, como un
transeúnte. Entra y sale; pero no sabemos si lo queremos nómada arriesgado o
mejor como un seductor sedentario.
Y siendo un pasajero de la vida, lo mejor es conservarlo en
un álbum de fotografías. Es un cúmulo de imágenes, sonidos y sentimientos que
capturan los mejores momentos de nuestras vidas.
El amor verdadero es como aquel bello momento donde fuimos
tan felices. Nos amábamos tanto que tu amor y el mío, ambos, se entendían, incluían
y nos obligaban a mover nuestros cuerpos, a levantar nuestros brazos, y a
abrazarnos también hasta el cansancio.
Y mientras tanto, una fuerza misteriosa nos instigaba a
plasmar una sonrisa en nuestros rostros, que al final termino desvaneciéndose, cuando un ataque de alegría y deseo empujó nuestros labios y estos se chocaron,
pensando y soñando que nunca jamás se iban a separar. Eso, es el amor
verdadero.

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