Hoy decidí no escribir ficción.
Hoy escribo para hacer un ejercicio de reflexión que ojalá llegue al corazón y
cada uno de mis lectoras y lectores.
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Para ninguno de nosotros es ajeno
el bombardeo de información que los medios de comunicación han dirigido hacia
nosotros con respecto a los homicidios más recientes como el de
Yuliana Samboni, la pequeña Sarita, la bebe de 3 meses violada por un soldado,
Claudia Johana asesinada en el centro comercial Santa Fe,el empalamiento de Rosa Elvira Cely, entre muchos
otros.
Estos casos representan una
pequeña muestra de una realidad que nadie alcanza a estimar y definir con
claridad. Las cifras se han quedado cortas en reflejar el día a día de muchas
mujeres que tienen que lidiar con el miedo a ser agredidas, violadas o
asesinadas por personas que creen conocer; y que nosotros como sociedad nos encargamos
de alimentar con amarillismo y victimización. Definitivamente nos está
quedando grande.
Aqui hago un llamado de atención
y una solicitud expresa de reflexión a nosotros como sociedad, pero
particularmente está dirigido a nosotros los hombres, porque considero que a nosotros nos está quedando grande vivir.
Nos está quedando grande vivir
al olvidar en que consiste eso que va más allá de la
existencia; en aquella grata experiencia que los maestros de la auto-superación
y del crecimiento llaman la experiencia de vivir en este mundo y en este
momento exacto de la humanidad.
Se nos ha olvidado nuestra naturaleza
como seres humanos, el papel innato que como hombres tenemos, que estamos viviendo, y lo peor de todo es que nos rehusamos a escuchar
a nuestro opuesto, aquel que nos complementa y nos permite ser mejores seres humanos: las mujeres.
¡Colegas! las mujeres han
evolucionado, Punto. No hay nada que discutir al respecto. La sociedad y
nuestra humanidad han cambiado con el paso de los años, y la mujer ha tomado
consciencia mucho más rápido de su necesidad de adaptarse y de vivir en esta
realidad que evoluciona constantemente.
¡Amigos!, nuestras hermanas,
mamas, amigas, novias, esposas ya no son lo que eran hace 50 años. Incluso, me
atrevo a asegurar que no son las mismas que conocimos hace tan solo 2 años. Han
aceptado naturalmente su nuevo rol en nuestra sociedad: son independientes en
todo ámbito humano, dejaron de buscarnos por necesidad y ahora nos buscan por decisión
propia; y así mismo son capaces de soltarnos, dejarnos atrás y seguir adelante.
Ellas, las mujeres, han tomado la
decisión de cambiar y lo han hecho muy bien. En estos momentos se están enfrentando
contra sus propios fantasmas y miedos inculcados durante toda una vida, luchan
constantemente contras sus propios paradigmas y algunas veces llegan a
sentirse confundidas por la cantidad de cambios que están experimentando.Esa es la realidad de la mujer
hoy en día.
Por otro lado, nosotros los
hombres tenemos que ponernos al día. Nos está quedando grande vivir al no poder aceptar y adaptarnos a estos cambios; seguimos una rutina y
confiamos ciegamente en los consejos y comportamiento que hemos heredado de
nuestros antepasados por años e incluso decenios. Pues lamento decirles que
estas actitudes ya se han quedado en el pasado y se han vuelto obsoletas.
Nuestros paradigmas, creencias
y comportamientos pretéritos se están convirtiendo en patadas de ahogado. Están
buscando de maneras desesperadas e irracionales salir a flote y mantenerse en
un mundo donde, para ellos, los botes y chalecos salvavidas ya se han agotado.
La adaptación de la mujer a este
nuevo mundo más nuestra resistencia al cambio, está procreando una generación masculina
llena de frustraciones; Una generacion llena de sentimientos y pensamientos que solo busca liberar la presión y el estrés que tenemos encima. Desafortunadamente, no
contamos con las herramientas suficientes para poder manejar estas emociones de
una mejor manera, o sino preguntémosle a cada una de las mujeres colombianas
que son violadas, agredidas e irrespetadas todos los días en Colombia y que aún
siguen con vida, porque lamentablemente ya no podemos oír la voz de Yuliana, Claudia, Sarita o Rosa Elvira.
Si, nos está quedando grande.
Pero compadres, hoy apelo a nuestro ego y a nuestro orgullo: Dejemos de
contratar al alcohol, el sexo, el cigarrillo y a los malos amigos como nuestro psicólogos
de cabecera, dejémonos de escondernos en nuestros pasatiempos y hablemos de
aquello que más tememos que vean de nosotros, confiemos en esa persona que
escogimos tener a nuestro lado y por encima de todas las cosas, cambiemos.
Demostrémosle a la naturaleza y
al mundo que sí podemos cambiar y adaptarnos, que hemos aceptado la nueva dinámica
de este planeta, y que las mujeres, como seres humanos completos y perfectos,
vean en nosotros nuevamente a un ser humano viable y vigente, y no a un ser
vivo en vía de extinción. Que sientan en nosotros ese apoyo, aquella confianza
y ese amor que profesa y brota desde el fondo de cada uno de nosotros. Hagamos
todo lo posible para que podamos vivir plenamente con ellas y gracias a ellas,
no detengamos sus vidas y su crecimiento, ni por derecha el de nosotros.
Juan Sebastián Beltrán
