lunes, 15 de mayo de 2017

UN INVIERNO DE SECRETOS

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Ya no es nada inusual. Los colombianos nos hemos enfrentado en los últimos años a un caudal incesante de noticias y hechos de corrupción que lentamente van devorando nuestros televisores y van consumiendo nuestra mente con una lluvia acida de pensamientos negativos y frustraciones apaciguadas.

El invierno ha azotado nuevamente nuestros país con tragedias como la vivida en Mocoa, los deslizamientos de tierra en Manizales, los barrios y veredas de distintas poblaciones de nuestro país arrasados por ríos y vertientes que pierden el control de sí mismos; las ya acostumbradas inundaciones de las vías principales de nuestras ciudades costeras, y ahora los capitalinos nos evidenciamos como fieles testigos de cómo una de las obras más esperadas (y polémicas) de nuestra ciudad colapsó, se inundó y nos deprimió a un extremo el cual su nombre jamás nos pudo haber anticipado.

La naturaleza es sabia y no es coincidencia que precisamente exista este momento coyuntural donde el agua saca a luz vestigios de corrupción de un estado que necesita depurarse y limpiarse.

El agua limpia y purifica dicen unos, otros dicen que arrastra y destapa todo aquello que tiene que salir a flote. No es fortuito que el efluvio de calamidades naturales que llego con este invierno sea concomitante con la exposición del fenómeno de corrupción latente en nuestro país.

Es un invierno de secretos que se ha convertido en la piedra angular que nos ha mostrado el verdadero estado y la extrema vulnerabilidad de nosotros como pueblo y de nuestro país ante fenómenos climáticos, sociales y políticos como el que estamos viviendo.

Quizá esta sea la oportunidad para aprovechar el agua y su energía para convertirla en un motor de reflexión, acción y cambio.

Pensemos: ¿Qué tal si cada vez que nos bañamos, aprovechamos ese buen chorro para limpiarnos de ese pensamiento egoísta y más bien nos prometemos guardarnos ese papelito hasta la próxima caneca de basura que encontremos?, ¿Qué tal si cada vez que nos atrapa la lluvia en la calle, ayudamos al vecino buscando resguardo, o quizá ayudamos a algún animal callejero, y de paso le damos algo de comer?

¿Por qué no cada vez que nos lavamos las manos, pensamos en aquellos que se las lavan todos los días pero de sus responsabilidades, y en cambio, tratamos de aceptar más las consecuencias de nuestros actos con la frente en alto y sin miedo?

Por favor, es un ejercicio que debemos hacer con el agua y es importante.

Pero recuerden, no se demoren demasiado, porque entonces se nos va a agotar y va a llegar a ser mucho más costosa que aquella corrupción que está destapando y ojalá, limpiando.

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