sábado, 10 de junio de 2017

ESPIRALES RESONANTES

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Un día cualquiera en nuestra vida nos la pasamos solucionando problemas.

Estoy seguro que sí somos capaces de parar un momento y reflexionar sobre nuestras vidas, podremos ver como la mayoría de nuestro tiempo lo enfocamos en ayudarle al otro, en responder una necesidad de un cliente, en atender un llamado de un colega, cumplir el proyecto de una compañía, dar soporte a algún familiar o ser querido, y entre otras, en tomarnos algo de tiempo en algunos “problemas” que vemos en nosotros mismos.

Quizá la palabra adecuada no es problema, pero si pareciera que la vida de nosotros como seres humanos son periodos de tiempo donde tenemos la necesidad de sentirnos útiles para los demás o para nosotros mismos y de pronto, dejar algún legado.

Tengo la fe y la esperanza que nosotros no fuimos hechos para, ni nuestro propósito general en la vida es ser útiles; nuestro propósito en la vida es el crecimiento, la evolución y el gozo de ese regalo sagrado que poseemos en cada uno de nuestros cuerpos: La vida en sí misma. Nuestro propósito en la vida, es nuestra vida.

Quiero llamar e invocar al ser humano que habita en cada uno y que se comprometa a sentir cada instante que nos regala el tiempo, de pronto a experimentar la vida como un juego de rol.

Recuerdo que en mi niñez este tipo de videojuegos eran mis favoritos; se caracterizan porque te asignan (o creas) un personaje que empieza desde un nivel muy bajo y debes desarrollar la vida de tu personaje por medio de aventuras, misiones y viajes que le van inyectando experiencia que eventualmente se trasforma en un aumento de nivel y así, puede conseguir superar retos y obstáculos cada vez más difíciles a medida que avanzas en el juego.

Si abrimos nuestra mente solo por un instante, quizá podamos ver nuestra vida como estos videojuegos, donde aquellos nos dan las herramientas necesarias para entender que a veces la vida se mueve como un espiral. Empezamos desde nuestro nacimiento aprendiendo y superando retos, luego viene la niñez con sus aprendizajes y aventuras, y a medida que vamos creciendo sentimos que cada etapa es distinta, más diferente que la anterior y nuestras responsabilidades van aumentando.

A veces nuestros entornos físicos y emocionales no cambian mucho y sentimos que estamos dando vueltas en círculos o que simplemente estamos cometiendo los mismos errores y no aprendemos.

Pues les tengo buenas noticias:

En realidad si son círculos pero de una espiral, tomamos la misma ruta todos los días, caminamos por los mismos caminos, vamos al mismo café, el mismo trabajo, e incluso así, nunca estamos en el mismo nivel.

Cada día que pasa estamos en una etapa distinta de la espiral de nuestras vidas, podemos sentir emociones similares pero ya pasamos por ahí con una enseñanza distinta, esta vez nos llega otro aprendizaje.

Aunque quisiéramos estar estáticos y experimentar esa sensación de soledad o estancamiento, la misma espiral nos jala a la fuerza a seguir moviéndonos incluso si no queremos; entonces ahí, nos echan del trabajo, nos bota nuestra pareja, se muere algún ser querido, sufrimos algún accidente o trauma o también, nos ascienden, logramos la libertad financiera o emocional, nace nuestro primer hijo, nos casamos o nos vamos a vivir a algún lugar diferente.

Estas experiencias no llegan solas, siempre van tomadas de la mano con sentimientos y emociones que disfrutamos y que otras veces, no tanto.

De todas maneras, bienvenidos a la espiral de nuestras vidas. Lo bueno de todo este viaje y este regalo es que si hay algo constante, estático que nunca va cambiar en nosotros. Es nuestra habilidad para poder sentir, expresar, decir y mostrar como nuestra alma vibra con el otro y nuestro corazón resuena en cada segundo donde sentimos una conexión mágica y especial entre dos seres humanos.


Definitivamente es muy grato ver un espiral crecer y evolucionar por sí solo, pero es más reconfortante ver como dos espirales se unen y se sincronizan en un baile para alcanzar a ser simplemente uno.

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