domingo, 20 de septiembre de 2015

Una Bebida Caliente

Marina se encontraba sentada al lado de una mesa. Tomó con sus manos la taza de café mientras esperaba.

Thiago llegó al bar y apenas pudo percibir la grandiosa sonrisa de esa mujer que lo estaba esperando. Mientras se acercaba a ella, no podía dejar de pensar en lo humano, natural y espontáneo que se sentía cada vez que se encontraban para hablar. Él se preguntaba qué tipo de relación tenían y si de verdad tenían algún tipo de conexión.

Una vez tuvo a Marina de frente, ella se levantó de la silla y saludó a Thiago con un fuerte abrazo y en ese momento, sus miradas se cruzaron. Ese pequeño instante les sirvió para emprender un nuevo viaje juntos. De sus propios ojos salieron dos caminos que se entrelazaban y les permitían emprender una nueva aventura. Mientras más profundo llegaban en esos caminos, más evidentes se hacían la oscuridad y los contrastes propios de cada uno.

En realidad era como una carretera turbulenta y llena de obstáculos e irregularidades, la cual se alcanzaba a confundir con una lucha entre el permiso y la prohibición, era intrigante pero a la vez emocionante.

Fue cuestión de segundos para que empezaran a hablar, una sinfonía de mensajes y colores nacían y fluían entre ellos. Eran el color blanco y negro tratando de llegar a un acuerdo, combinándose para buscar y encontrar algo mejor.

Thiago y Marina  sentían que cada mensaje sembraba una semilla en el corazón del otro. Como si cada lección y aprendizaje fuera compartido y que en ese preciso instante, la cotidianidad de sus vidas y sus propios conflictos se perdían con una risa, porque en ese momento estaban creciendo y se tenían el uno al otro.

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