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Después de una larga ausencia, el
observador ha decidido manifestarse una vez más y su diario, donde registra su
bitácora de viaje, la historia de la cual acaba de ser testigo nos va a relatar.
Esta historia es sobre una princesa que
vive en un reino lleno de extrañas situaciones, criaturas y personas. Es un
mundo particular, el cual el observador jamás se había encontrado y mucho menos
había percibido ni visto pasar. Por esta razón, el observador decidió registrar
de una manera especial el relato que les voy a contar:
Y me encontraba viajando, caminando por
senderos anteriormente transitados pero vagamente examinados por los anteriores
caminantes de estos trechos. Cada paso que daba, me había indicado como dar o
evitar dar el paso siguiente en el camino que me llevaría a mi objetivo final,
aunque extrañamente aún no estaba seguro de cual era mi destino.
Cada piedra, cada arroyo, cada evento me
estaban enseñando diferentes lecciones que se iban pintando en una pared en
blanco que no dejaba de crecer y de aumentar su tamaño. De repente, me encontré
en la entrada de un gran bosque gris; este color gris era especial porque no
era para nada similar al color gris normal que en travesías anteriores yo me
había enfrentado ya, eran las 2:05 pm de la tarde.
Al observar la magnificencia y la grandeza
de este gran bosque gris, no pude más que anonadado quedar; y con mi
mirada tratar de descifrar los enigmas que a primera vista el bosque me
insinuaba con sutil diligencia. Sus olores naturales y sus sonidos
me seducían para que me aventurara y tratara de descubrir sus grandes secretos,
pero al mismo tiempo una voz adentro me decía que el riesgo inmenso seria y que
consecuencias inminentes traería.
Afortunadamente o desafortunadamente a mi
mente no escuche, y el corazón visceralmente el camino indico y yo simplemente
lo seguí, levantando los pies acercándome cada vez más y más a la entrada sacra
que el gran bosque gris me presentaba con una gran venia, como un buen
anfitrión recibiendo a sus invitados antes de una gran fiesta, y no tenía ni
idea de la gran fiesta que se me avecinaba.
El miedo y la excitación se apoderaban de
mí, sentía estas emociones renaciendo dentro de lo más profundo de mí ser, como
semillas deshidratas brotando en una última oportunidad por crecer y
nacer. El gran bosque gris me arropaba con sus sonidos, cada sonido natural de
las hojas, del viento, de los animales se oía tan nítido que no podía creer que
mis sentidos estuvieran preparados para recibir y procesar tal nivel de calidad
y perfección. Extrañamente, el miedo no me impedía continuar con mi camino,
porque me había acostumbrado al color gris, y más inusual aun, todas las cosas
que sentía, tocaba, olía, oía y veía me gustaban, y me iban gustando cada
vez más y más.
De repente el panorama cambio, y el bosque
gris cambio como si Dios hubiera sacado un gran pincel y la tarea de cambiar el
bosque gris hubiera llegado a su final. Por unos instantes, el gran bosque se
volvió en un bosque surreal, ninguna figura, animal, sonido, incluso sensación
tenía sentido. El escenario era tan abrumador como encantador, y yo simplemente
no podía hacer nada. Mis manos y mis pies no me respondían, simplemente me
encontraba arrodillado y totalmente sublevado ante el poder y el impacto de
este gran milagro natural.
Lo único que podía sentir y distinguir
entre el envenenamiento y explosión de emociones, era una seductora fragancia
que me obligaba a arrastrarme con el instinto natural de sobrevivencia hacia un
claro que se distinguía vagamente entre la combinación de colores, olores,
ruidos y fenómenos.
Cuando por fin llegue a aquel claro que
vislumbraba al final de un camino, el gran bosque gris volvió a su figura
natural y nuevamente pude ponerme de pie y entrar en razón, por al menos, unos
minutos más.
Lo siguiente que me di cuenta, fue que en
mi dedo meñique de la mano derecha, había un delgado hilo rojo y el otro
extremo de este hilo caía al piso y empezaba a serpentear por todo el claro del
gran bosque gris.
Para mi gran impresión, me lleve un gran
susto cuando una voz profunda que resonaba en todo el bosque por su gran
poder y afinación empezó a hablar y decía:
-
¡Bienvenido
viajero, has podido alcanzar el corazón del gran bosque gris y mis respetos
vengo a gritar!, ¡en tu cuerpo, en tus manos el legendario hilo rojo del
destino esta, para mostrarte algo especial que deberás encontrar cuando en este
claro el otro extremo hayas podido finalmente descifrar!
Inmediatamente corrí hacia un pequeño lago
localizado en el centro del claro, moje mi cabeza porque no podía aceptar que
todo esto fuera real. Aun así, seguía en el mismo claro, en el mismo bosque y
el hilo rojo no desaparecía, por ende, decidí escuchar la gran voz que me hablo
y encontrar el otro extremo mi deber inmediato seria.
Luego de recorrer y recoger una gran
cantidad de hilo rojo, me di cuenta de que el final se aproximaba y el extremo
daba contra el centro del lago en el cual mi cabeza había
sumergido. De repente, una figura de madera se empezó a levantar desde el
centro del lago, tenía la silueta de una mujer y en esos momentos me fije que
en lo que parecía ser su mano izquierda, el otro extremo del hilo rojo
encontraba su final.
En el momento que toda la figura de madera
se levantó como una gran estatua magistral, una voz suave y tierna empezó a
surgir de aquella figura sobrenatural, era la voz de una mujer que pedía ayuda,
que me pedía que la ayudara, pero yo no podía entender en que la podía ayudar.
La verdad, mi concentración estaba
totalmente enfocada en lo sacro de esa imagen femenina que se alzaba ante mis
ojos, yo no podía creer lo que estaba viendo y por alguna razón sentía la
necesidad de meterme en el lago y abrazar esa extraña mujer de madera.
Lo único que pude entender que esta mujer me
decía, era que yo sabría cómo podía ayudarla, pero que solamente yo tenía la
respuesta a ese dilema, y que ella era la princesa del gran bosque gris. De
repente, una gran ansiedad se apodero de mi porque no me podía permitir el lujo
de consentir que una princesa sufriera de la manera en la que yo aparentemente
era consciente que estaba sufriendo, y en un arranque de locura y desesperación
lo único que se me ocurrió hacer fue nadar y nadar, hasta estar lo
suficientemente cerca de la gran princesa y tocar con mi dedo meñique su
pequeño y delicado meñique también, si, aquellos meñiques que estaban unidos
por el delgado hilo rojo del destino.
De un momento a otro, la coraza de madera
se destrozó y apareció ante mí la figura de una mujer de una belleza atemporal,
con una energía que causo que mi voz se apagara y mi cuerpo dejara de
responder. Me empecé a hundir en el gran lago y lo último que pude ver fue un
brazo estirándose para alcanzarme y salvarme de las profundidades, antes de que
un gran haz de luz que nació de la palma de esta mano me cegara
totalmente.
Mi mente se encontraba en blanco y no
podía ver ni sentir nada, solo pude empezar a escuchar la voz profunda del gran
bosque gris que una última vez me decía:
-
Viajero,
no espero que entiendas lo que has visto pasar, pero si investigas más y a tu
corazón escuchas más lo entenderás, apenas termines de escuchar mis palabras en
tu mente retumbar, revisa cuanto tiempo ha trascurrido, porque el mayor regalo
que un ser viviente ha podido recibir, la princesa del gran bosque gris te lo
ha brindado ya, y nunca olvides que esa conexión jamás se romperá
Cuando por fin abrí mis ojos, me
encontraba tirado en el suelo en lo que parecía la salida al gran bosque gris,
no reconocía lo que veía a mí alrededor y por ende supuse que de alguna manera
el bosque gris lo había atravesado ya.
Me aliste y revise que tenía todo listo
para continuar el camino, gire mi cabeza hacia atrás y una gran venia y un
sonoro gracias salió de mi boca hacia el gran bosque gris, porque aunque no
entendía nada de lo que había sucedido, y pensé que simplemente enfermo estaba
y un sueño increíble había tenido.
Lo único realmente emocionante y excitante
que no me había dado cuenta en ese momento, es que empecé a caminar y consultar
la hora quise, eran las 2:05 de la tarde y aparentemente el sueño duro menos de
un minuto…
…pero en un segundo, me di cuenta de que
amarrado a mi dedo meñique un extraño hilo rojo parecía estar…
«Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a
encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede
estirar o contraer, pero nunca romper».

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