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Cierta cantidad de veces la gente se levanta de su cama y
planea las tareas del día mientras corren la cortina y observan a través
de su ventana.
Muchos
lo planean, los demás simplemente cometen acciones sin preguntarse sus
consecuencias. A la voz del joven locutor de una estación de radio que vende la
música popular de la época, la emoción y el misterio de empezar a vivir
una nueva experiencia timbran en nuestros pensamientos como cuando
esperamos nerviosamente la visita de algún ser especial...claro esta!
solo si ese timbre no se ha roto por el constante uso de la
monotonía y de la mediocre profundidad espiritual de la personalidad.
El
principio de todo lo bueno y lo malo toma forma cada vez que se decide
tomar camino autónomo, saliendo de una puerta de un lugar que
consideramos hogar, y cerrándola sin saber a ciencia cierta que el día de
mañana se pueda volver a descansar en esa burbuja única que alza una
cortina de humo que opaca levemente los problemas de la cotidianidad.
Mientras
se recorren distancias en latas oxidadas al lado de individuos nunca jamás
vistos, se preparan inconscientemente hojas y hojas de vagas memorias
sobre recuerdos de antaño de experiencias olvidadas por el tiempo.
Está
al lado, el privilegiado que sueña y siente como un desahuciado, que es locuaz,
animado y desempeña una presencia y/o distinción en la sociedad solo por el
simple hecho de que otros lo consideran así. Esta el creyente, el
peleador, aquel que cree y confía que el esfuerzo y la responsabilidad son los
pilares del éxito...se preguntara ¿qué clase de éxito está buscando?...o será
que solo sigue un protocolo implantado por alguien totalmente
inconsciente y ajeno a la realidad que está viviendo?
Es
aquel que busca arriesgar para ganar y perder, pero que gana incalculables
cantidades de valor humano cuando se da cuenta de que está tomando las
decisiones por sí mismo, sin depender de otros. Y también están los demás...aquellos
malconsiderados como los desahuciados, los mundanamente pobres; aquellos que
muchas veces se ven en distintas partes de un mismo lugar o en varios lugares
al mismo tiempo, la experiencia les brindo la ventaja de la fortaleza y la
resistencia integral, pero así mismo les ha dado los golpes más duros y
críticos a la estructura espíritu-mental.
Luego
volteamos nuestra mirada y observamos cosas que podrían ser mucho o menos
interesantes: el joven estudiante expresando con su forma de vestir y su
actitud su extraña forma de ser y su personalidad, sin querer
demostrándole a la sociedad que tiene un pensamiento, obra y conciencia
única.....y al mismo tiempo se está encerrado hablando por un celular
vanguardista que ocupa el oído derecho mientras el izquierdo se
encarga de conceptualizar la información trasmitida por una persona
de última tecnología (.....).
Al
bajarnos de aquel extraño artefacto que trasmite tantos pensamientos y
emociones sin ni siquiera expresar una sola palabra... no lo necesita… la sola
presencia de distintos sujetos y seres proveen del mejor entretenimiento
pasajero del momento; se pisa usualmente con el pie derecho la ciudad de
concreto, distinguida entre muchos por su famosa anfitriona de bienvenida, el
desentendimiento.
El
ambiente abraza a cada individuo que se integra con ella, tratando de generar
la reacción adecuada para el momento adecuado. Se pueden oír ríos de
conversaciones absurdas entre personas intentando ganarse a la fuerza la
compasión, entendimiento y risa de otra más...o ¿debería buscarse
empatía?; aunque también, si hay la suficiente concentración y la voluntad de
escuchar más allá de lo que se oye y ver mas allá de lo que se ve a simple
vista, se puede entender el extraño lenguaje que surge entre dos
personas que sostienen una conversación sobre sus sentimientos más
profundos, sus pensamientos más inquietantes; en las cuales el intercambio
no se forma con el objetivo de aprender frívolos datos sobre el
otro, es para conocer y entender las experiencias humanas de aquel
individuo de tal manera que permite desarrollar entre estos un vínculo
especial el cual extiende la madurez y vislumbra el
crecimiento interno.
Se
hace la triunfante aparición en el entorno propio de oficio diario, son otorgadas
las tareas diarias, se saluda el conocido, al amigo, al enemigo... la rutina
empieza, los desafíos diarios agobian al raciocinio, la proactividad es
requerida para continuar adelante…hay conflictos personales, internos,
interpersonales, hay risas, llantos, comentarios, miradas, regalos, detalles,
comportamientos, actitudes y descanso.
Al
final, el entorno cambia, indica por medio de señales físicas que es hora de
regresar al lugar del cual partimos, que por ahora, ya no pertenecemos más a
ese lugar y debemos marcharnos serenamente.
Un café
y un cigarrillo se trasforman en la droga ideal para reposar los
movimientos y los pensamientos de todo un día, son unas horas en un extraño
lugar que pretende ser un hogar sustituto para el visitante regular y logra su
cometido con el eventual pero esperado curso de los hechos.
Culmina
la jornada, con la caída del sol y la reunión no muy bien planeada de las
nubes en el cielo, las cuales con su estruendosa y poderosa discusión en
un idioma que aún desconocemos, causan el llanto de la más sensible de ellas causando
un desconcierto total sobre sus testigos más cercanos y más pequeños,
nosotros.
No
hay manera de ofrecer consuelo, no hay manera de pasar pañuelos
limpios...simplemente se toma una decisión, la decisión de volver a casa.
Al hogar. Todo cambia con la lluvia, muchos deciden distraerse en
conversaciones, otros escuchan música, otros simplemente guardan silencio...de
pronto porque sienten que lo que se ha dicho y pensado es suficiente y
que no hay necesidad de retomar aspectos y asuntos que no competen en ese
momento.

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