sábado, 3 de mayo de 2014

Cotidianidad



Cierta cantidad de veces la gente se levanta de su cama y planea las tareas del día mientras corren la cortina y observan a través de su ventana.

Muchos lo planean, los demás simplemente  cometen acciones sin preguntarse sus consecuencias. A la voz del joven locutor de una estación de radio que vende la música popular de la época, la emoción y el misterio de empezar a vivir una nueva experiencia timbran en nuestros pensamientos como cuando esperamos nerviosamente la visita de algún ser especial...claro esta! solo si ese timbre no se ha roto por el constante uso de la monotonía y de la mediocre profundidad espiritual de la personalidad.

El principio de todo lo bueno y lo malo toma forma cada vez que  se decide tomar camino autónomo, saliendo de una puerta de un lugar que consideramos hogar, y cerrándola sin saber a ciencia cierta que el día de mañana se pueda volver a descansar en esa burbuja única que alza una cortina de humo que opaca levemente los problemas de la cotidianidad.

Mientras se recorren distancias en latas oxidadas al lado de individuos nunca jamás vistos, se preparan inconscientemente hojas y hojas de vagas memorias sobre  recuerdos de antaño de experiencias olvidadas por el tiempo.

Está al lado, el privilegiado que sueña y siente como un desahuciado, que es locuaz, animado y desempeña una presencia y/o distinción en la sociedad solo por el simple hecho de que otros lo consideran así. Esta  el creyente, el peleador, aquel que cree y confía que el esfuerzo y la responsabilidad son los pilares del éxito...se preguntara ¿qué clase de éxito está buscando?...o será que solo sigue un protocolo implantado por alguien totalmente inconsciente y ajeno a la realidad que está viviendo?

Es aquel que busca arriesgar para ganar y perder, pero que gana incalculables cantidades de valor humano cuando se da cuenta de que está tomando las decisiones por sí mismo, sin depender de otros. Y también están los demás...aquellos malconsiderados como los desahuciados, los mundanamente pobres; aquellos que muchas veces se ven en distintas partes de un mismo lugar o en varios lugares al mismo tiempo, la experiencia les brindo la ventaja de la fortaleza y la resistencia integral, pero así mismo les ha dado los golpes más duros y críticos a la estructura espíritu-mental.

Luego volteamos nuestra mirada y observamos cosas que podrían ser mucho o menos interesantes: el joven estudiante expresando con su forma de vestir y su actitud su extraña forma de ser y su personalidad,  sin querer demostrándole a la sociedad que tiene un pensamiento, obra y conciencia única.....y al mismo tiempo se está encerrado hablando por un celular vanguardista que ocupa  el oído derecho mientras el izquierdo se encarga de conceptualizar la información trasmitida por una persona de última tecnología (.....).

Al bajarnos de aquel extraño artefacto que trasmite tantos pensamientos y emociones sin ni siquiera expresar una sola palabra... no lo necesita… la sola presencia de distintos sujetos y seres  proveen del mejor entretenimiento pasajero del momento;  se pisa usualmente con el pie derecho la ciudad de concreto, distinguida entre muchos por su famosa anfitriona de bienvenida, el desentendimiento.

El ambiente abraza a cada individuo que se integra con ella, tratando de generar la reacción adecuada para el momento adecuado. Se pueden oír ríos de conversaciones  absurdas entre personas intentando ganarse a la fuerza la compasión, entendimiento y risa de otra más...o ¿debería  buscarse empatía?; aunque también, si hay la suficiente concentración y la voluntad de escuchar más allá de lo que se oye y ver mas allá de lo que se ve a simple vista, se puede entender el extraño lenguaje que surge entre dos personas que sostienen una conversación sobre sus sentimientos más profundos, sus pensamientos más inquietantes; en las cuales el intercambio no se forma con el objetivo de aprender  frívolos datos sobre el otro, es para conocer y entender las experiencias humanas de aquel individuo de tal manera que permite desarrollar entre estos un vínculo especial  el cual  extiende la madurez y vislumbra el crecimiento interno.

Se hace la triunfante aparición en el entorno propio de oficio diario, son otorgadas las tareas diarias, se saluda el conocido, al amigo, al enemigo... la rutina empieza, los desafíos diarios agobian al raciocinio, la proactividad es requerida para continuar adelante…hay conflictos personales, internos, interpersonales, hay risas, llantos, comentarios, miradas, regalos, detalles, comportamientos, actitudes y descanso.

Al final, el entorno cambia, indica por medio de señales físicas que es hora de regresar al lugar del cual partimos, que por ahora, ya no pertenecemos más a ese lugar y debemos marcharnos serenamente.

Un café y un cigarrillo se trasforman en la droga ideal para reposar los movimientos y los pensamientos de todo un día, son unas horas en un extraño lugar que pretende ser un hogar sustituto para el visitante regular y logra su cometido con el eventual pero esperado curso de los hechos.

Culmina la jornada, con la caída del sol y la reunión no muy bien planeada de las nubes  en el cielo, las cuales con su estruendosa y poderosa discusión en un idioma que aún desconocemos, causan el llanto de la más sensible de ellas causando un desconcierto total sobre sus testigos más cercanos y más pequeños, nosotros.


No hay manera de ofrecer consuelo, no hay manera de pasar pañuelos limpios...simplemente  se toma una decisión, la decisión de volver a casa. Al hogar. Todo cambia con la lluvia, muchos deciden distraerse en conversaciones, otros escuchan música, otros simplemente guardan silencio...de pronto porque sienten que lo que se ha dicho y  pensado es suficiente y que no hay necesidad de retomar aspectos y asuntos que no competen en ese momento.

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