domingo, 10 de diciembre de 2017

NUESTRAS SOMBRAS



Al fin y al cabo Luciana no tenía ni idea si sus pinturas iban a lograr el impacto que ella buscaba. De hecho, no tenía claro si le importaba eso.

Aun así, ella le había dedicado el último año y medio a concentrarse y trabajar arduamente en pintar y dejar listas cinco pinturas que formarían parte de una obra completa para presentar en la galería de arte más icónica y representativa de la ciudad.

Durante ese periodo, Luciana estimó que la cantidad de nicotina y cafeína que había ingerido pudo quitarle de encima unos 20 años a su expectativa de vida, pero esto tenía un valor y una razón de ser.
Así mismo, abundaron los momentos donde no sabía si las acuarelas, sus esbozos y borradores que nunca vieron la luz, tenían un contenido más alto de agua de grifo o por si el contrario, abundaban en partes importantes de sudores y lágrimas.

Pasó noches extremas en vela, en medio de lienzos estropeados, pinceles manchados, jarros con agua sucia, jadeos y condones usados. Siempre su arte consumía su mente y su corazón a tal punto que no se acordaba cuantos orgasmos había tenido, o si al caso alguno de verdad se había presentado.

El día antes de la presentación en la galería, Luciana junto los rezagos de sus ahorros para poder empacar sus pinturas y enviarlas lo más rápido posible por servicio de mensajería a la galería. Sabía que allí Sebastián, su amigo, le permitiría recibir esas obras a último momento y dejar todo listo para la exhibición; él ya la conocía y sabía que ella nunca hacia nada con suficiente tiempo de antelación.
Tanto así que quedaron de encontrarse esa noche en un bar cubano para celebrar este gran logro.

Más tarde, al compás de un son cubano acompañado de una botella del más fino Singleton que tenían en la casa, Sebastián decidió preguntarle a Luciana:

-   En serio Lu contéstame, ¿Por qué dejas todo a última hora como si tus trabajos, obras, e incluso las personas no te importáramos?, si no te llamo y te digo que estoy cerca, no creo que estuviéramos en estas.

-   Pues Sebas, no hago eso por ser irresponsable o irrespetuosa con los demás. Quiero dejar eso claro de entrada. Creo que es solo que la incertidumbre, los nervios, los factores externos del azar y el tiempo que se generan con esas situaciones, provocan que las cosas puedan suceder o no. Esa ambigüedad y frivolidad en los eventos me encandila, me encantan y creo que me excitan porque estás poniendo a prueba tu vida todo el tiempo. Creo que ese sentir es todo aquello que me apasiona, que me mantiene viva, ¿si me entiendes?

-    Eso no tiene sentido para mí. Siendo honesto, no te entiendo.

-    Bueno en realidad no importa que me entiendas, al fin y al cabo estas aquí y pues por eso vamos a brindar ¡salud!

Sebastián y Luciana chocaron sus vasos y se bebieron el último trago de la noche mientras al fondo de aquel recinto una pareja madura bailaba una canción que las emisoras de la época se habían olvidado que existía.

-    Bueno Lu, tenemos que irnos. Mañana es la exhibición, ¿ya lo olvidaste?

-    No, no lo he olvidado Sebas. Ven, ¿te puedes acercar un poco más?

-    No vamos a empezar otra vez Lu. Ya sabes que no puedo hacer eso.

-    ¿Por qué no Sebastián, acaso no me decías que me amabas?

-    A esto me refería… si te amo y lo sabes; amo tus pinturas, tu arte, tus desplantes, tu cuerpo y esa manera como buscar ser tú a pesar de las circunstancias. Incluso, llego a amar pendejadas como este momento que ya está por acabar.

-    ¿Y entonces?, ¿Qué va a pasar, Sebas?

-   Lo que va a pasar es que te voy a llevar a tu aparta-estudio, te voy a quitar esa ropa, te pondré tu pijama y te voy a acostar. Te abrigaré, me encargaré de que todo esté bien para que pases una noche tranquila, placida y te voy a desear unas buenas noches dándote un beso en la frente. Te voy a dejar fruta picada en tu nevera lista para comer, la leche va a estar servida en tu taza preferída para que la calientes a primera hora en la mañana. Los huevos van a estar junto a un plato con tomate y cebolla picada para que prepares esos huevos revueltos que tanto te gustan en el desayuno. Espero que estés lista porque a las ocho pasaré a recogerte para ir puntuales a la exhibición. Con respecto a tu pregunta: ¿de qué hablamos realmente cuando hablamos amor?

-   Pues no lo sé Sebas, pero gracias.

Al día siguiente, la galería estaba a reventar y la exhibición de Luciana se esperaba con gran ahínco.

Las obras de Luciana se iban a descubrir es unos contados minutos. La gente decía que la artista se destacaba por la calidad de sus trazos, que en esta ocasión su obra era un conjunto de pinturas que armaban un autorretrato completo de la autora. Otros más eruditos aludían a la experiencia de la artista en el manejo de los colores blanco y negro, del manejo de las sombras que ella hacía y que sabían que ella no los iba a decepcionar. Esta iba a ser otra obra magistral de Luciana Baton.

Faltando tres minutos para dar inicio a la ceremonia de apertura y de descubrimiento de las obras, un carro negro se aparcó al frente de la entrada principal de la galería. De este carro se bajó Sebastián, el cual, con apuro y diligencia, cruzo con rapidez la entrada y así mismo el recinto para llegar al punto donde se encontraba la directora de la galería.

Por lo observado, ellos intercambiaron un par de palabras donde Sebastián hablaba con pausa y con calma y la directora simplemente se remitió a asentir con su cabeza y a dar órdenes a un par de empleados de la galería.

Acto seguido, Sebastián se dirigió a la sección donde estaban las cinco pinturas de Luciana y debajo del retazo de seda que cubría el título de la obra, borro lo que allí se encontraba escrito y pego un papel con otro título en su lugar y procedió a retirarse de la galería.

Luciana nunca llego a su exhibición; pero aquel accidente no dejó manchas durante todo el evento.

Las personas quedaron encantadas con la exhibición y la majestuosidad que trasmitían las obras de Luciana. Un afortunado comprador fue el merecedor de tan magnífica obra y decidió llevárselas él directamente a su casa.

Cuando el comprador llegó a su hogar, su asistente muerto de curiosidad decidió preguntarle:

- Jefe disculpe la pregunta pero, usted es muy valiente. ¿Cómo se atrevió a comprar una obra de la cual nunca se descubrió su nombre?

-  Pues Óscar, ahora que lo dice ni me fijé en el nombre de la obra. Dejeme lo reviso.

-  ¿Y cómo se llama jefe?


-  Dice: “¿de qué hablamos realmente cuando hablamos de amor?"

NUESTRAS SOMBRAS

Al fin y al cabo Luciana no tenía ni idea si sus pinturas iban a lograr el impacto que ella buscaba. De hecho, no tenía claro si le i...