martes, 3 de noviembre de 2015

La Bufanda Roja

Ese día me habían despedido de mi trabajo y lo único que había recibido de regalo era una estúpida bufanda roja. Con todo lo que tenía en mis manos, esa bufanda solo me estorbaba en mi salida.

Tomé el primer taxi y le dije que me llevara a mi casa. Dentro del taxi hacía calor. No entendí por qué me la habían obsequiado.

Durante el recorrido el taxista me preguntó si me habían echado de mi trabajo. Yo le dije que le diría la verdad si sólo aceptaba esa apestosa bufanda como parte del pago. Él me contestó que no quería la bufanda, que la guardara, que todo en mí indicaba que yo la necesitaba. Yo no entendí y no me aguantaba las ganas de librarme de esa inútil prenda.

Apenas llegué a mi apartamento, le pagué al taxista y me bajé lo más rápido que pude. De pronto, la bufanda se resbalaba de mis hombros y con una sonrisa cómplice la dejé caer libremente sobre el pavimento. En ese momento un vagabundo bastante curioso me tocó el hombro derecho con su mano y me dijo:

-           Amigo, ¡se le ha caído la bufanda!

 Yo lo miré con desdén, con desesperación en mis ojos y le contesté:

-           Tranquilo, quédese con ella, yo no la quiero.

-           Pero la necesita más que yo – afirmó rápidamente el vagabundo y resolvió tirármela encima de mis brazos mientras se alejaba riéndose a carcajadas.


Resignado, abrí la puerta de mi apartamento y descargué todo en el piso. Me dirigí a mi habitación a recostarme en mi cama. Caí en cuenta que sin mi trabajo, se venía un gran cambio. Me sentí solo. Todo mi hogar se sentía gélido, ausente, se veía muerto, vacío. Agarré con mis manos la bufanda, tratando de darle un uso, arropé con ella mis manos y mi cuello. Al hacer esto, las palabras del taxista y del vagabundo cobraron sentido. Ese odio y desprecio hacia la bufanda roja, ahora me abrazaban y me brindaban alivio.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

NUESTRAS SOMBRAS

Al fin y al cabo Luciana no tenía ni idea si sus pinturas iban a lograr el impacto que ella buscaba. De hecho, no tenía claro si le i...