Ciertamente
la vida nos toma como pasajeros del tiempo, nos carga en buses cargados de
maletas repletas de recuerdos placenteros, valores y esperanzas inolvidables
que nos ayudan a sobrevivir por lugares deseados, así como aquellos los cuales
nunca desearíamos haber pasado, pero como cualquier paseo, hay que recorrerlos.
Cuando el camino oscuro y empedrado se vuelve, los saltos
y obstáculos causan que las maletas se abran, y suelten de su interior
espíritus de la naturaleza que en su esencia expresan los valores puros,
aquellos ya olvidados por aquellos que se rehúsan a viajar y reflejar en un
diario, expresiones de las reflexiones personales de su crecimiento sacro.
El observador un bus ha tomado y emprendido sus viajes ha
empezado, mirando por la ventana más cercana del pensamiento, se observan
paisajes confusos y alterables que perdían en su contexto al más experto de los
viajeros. Los accidentes del camino provocaron la libertad de un espíritu de la
esperanza, como el renacer de una pequeña oruga en una de las bellas mariposas
espectrales, aquel espíritu se ha mostrado y ha impactado.
Ningún ser humano tiene datos de la esperanza absoluta y
pura, ni la más grande biblioteca tiene registrada en sus bases de datos, el
momento en que todo fue distorsionado.
Aquí se está hablando de un espíritu de la esperanza,
aquel espíritu con forma femenina y amiga que devuelve al más desilusionado de
la naturaleza humana y la ausencia de la confianza, la fe y el camino en que no
para todos fueron utilizados moldes del mismo tamaño; muestra energías
celestiales las cuales se conectan con mentes y corazones empañados por
experiencias ajenas, y a pesar de la ausencia de símbolos y palabras
entendibles para un ser terrenal, trasmiten mensajes de confianza, cariño,
belleza y seguridad.
Un encuentro con un espíritu de la esperanza deja legados
para todo aquel que valore el milagro, el milagro del reencuentro con fantasmas
de un pasado que nos enseñaba utopías cosmopolitas en un mundo pintado con los
colores del arcoíris sobre paredes blancas de esperanzas inocentes.
El espíritu ha hablado y ha enseñado, ha prendido en el
fondo de corazones opacados, la llama ardiente de la esperanza viva, que nos
dice que no todos somos iguales, que un mundo errado, extraño y conflictivo, el
se manifiesta en individuos raramente vistos y conocidos. A través de los seres
escogidos, una estrella ancestral indica que estamos ante un ser especial, el
cual ante todo valorar hay que, y que por su única y jamás vista forma de ser y
personalidad, dar gracias a la deidad se debe; muchas más gracias y rezos se
deben dar, si aquel ser especial también ha de considerar a otro ser humano un
ser especial e irremplazable, sea simplemente como el más puro símbolo de
amistad y confianza, y/o de entendimiento y empatía.
Notas finales del observador: Mi querido espíritu de la
esperanza, nunca dejes opacar con el polvo de la cotidianidad tu esencia pura y
sagrada, porque, así como el observador, este mundo está lleno de personas que
de vez en cuando necesitan conocer seres que les muestren que todavía existe la
esperanza de encontrar otros individuos con semillas de valores que
aparentemente no se han perdido…

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